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20 d’agost de 2013

Els missioners no fan vacances a l'estiu... resem per ells

Ahora que muchos estamos disfrutando de las vacaciones, he pensado en las de nuestros misioneros. 

Me viene a la memoria el obispo cordobés de la diócesis de Bangassou, Juan José Aguirre, que está atravesando una difícil situación debido al clima de violencia que se ha impuesto en la República Centroafricana. La guerra no descansa, y tampoco quien decide acompañar a los que la sufren. O la de esa valiente misionera que abandonó el cálido clima canario por el “candente” de Egipto, y que describe en sus testimonios el clamor del pueblo, que ella escucha desde su casa y por las calles, como una más. No hay descanso para un pueblo insatisfecho ni para quienes quieren formar parte de él. O aquel otro misionero, el zamorano Romualdo Fernández que declaró a un periódico español que pensaba permanecer en Siria para apoyar a la comunidad cristiana “en el momento que más nos necesita”. La persecución contra los cristianos en el mundo, no descansa, y tampoco lo hacen algunos, unos pocos, que no se olvidan de ellos. 



Ni siquiera los misioneros que se atreven a dejar a “los suyos” por unos días, se van “realmente” de vacaciones. Generalmente, hacen un pequeño paréntesis con el único objetivo de recuperar fuerzas y ver a sus familias. Pero mientras pasan esos días entre nosotros, sus pensamientos continúan muy lejos, en la misión; como si los afectos de los misioneros por su gente crecieran en la distancia. 

La mayoría de los mortales estamos deseando que lleguen las vacaciones, y nos lamentamos cuando se acerca su final y la vuelta al trabajo. Sólo los misioneros y quienes han hecho de su vida “una misión”, viven la paradoja imposible: vivir las vacaciones como si no quedara otro remedio… y a prisa, para volver lo antes posible al trabajo. 

Dora Rivas - Comunicación con los misionerosObras Misionales Pontificias España